Ensayo sobre Judas el Iscariote

Breve ensayo sobre Judas el Iscariote

La palabra traición, proviene del latín “traditio”  que se traduce como “entrega”, y que nos define a la acción contraria a la lealtad,  es renegar a un vínculo de amor, amistad o respeto, hacia alguien o algunos. Quien traiciona vulnera la confianza en él depositada, pues actúa contrariamente a lo que se esperaba de él. La traición y el traidor no mueren, los años se suceden  y la historia de la traición no se olvida. El nombre del traidor es repetido históricamente y su oprobio permanece, tanto en las páginas de los libros, como en la memoria del rencor. (Diccionario de la R.A.E.)

Que es lo que conocemos de Judas el Iscariote, aparte del nombre, que hoy resulta  sinónimo de cualquier  felón.

Lo que sabemos de judas, es lo que narran los evangelios sinópticos, que fue elegido por el propio Jesús, que formó parte de su círculo de amigos más íntimo. Y también podemos suponer, (porque estos tres evangelios no lo mencionan), que acompañó a Jesús durante su vida pública al igual que el resto de los apóstoles. Por lo tanto, escuchó sus enseñanzas, presenció sus milagros.

Sin lugar a dudas, Judas fue uno de los apóstoles de Jesús, nada se dice sobre su llamado, ni como ni cuándo se unió a los demás discípulos, tan solo el evangelio de Juan propone un antecedente de su persona, ya que éste actuaba como tesorero del grupo y, según este evangelio, se apropiaba del dinero destinado a los pobres (Juan 12:6). Esto probablemente sea el quedarse con los vueltos de las compras, un vicio más de mezquindad que de avaricia.

¿Se puede nacer traidor, se nace siendo un Judas? ¿Cuando lo parió su madre ya era un traidor? ¿O es con el tiempo que nos vamos volviendo malditos?

El libro de Juan nos dice: “Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera” (Jn. 17:12 BDLA). Pero  aquí vale hacerse la pregunta ¿Somos todos hijos de Dios desde que nacemos?

Todos nosotros antes de aceptar la salvación por el sacrificio vicario de Jesús en la cruz del Gólgota, fuimos hijos de perdición, así como cada uno de nosotros que fuimos pecadores, necesitamos nacer de nuevo (Jn. 3: 3), la salvación o perdición de cada persona está ligada a una decisión individual de cada sujeto, y no por imposición o forzado por  otro ser. Si creemos que Judas existió para ser predestinadamente perdido, estamos abonando la  doctrina calvinista. El libro de  Lucas nos da una pista muy interesante al respecto: “…y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor” (Lc. 6: 16  RV1960). Judas se convirtió en un “hijo de perdición” Jesús lo elige pensando que Judas podía realmente llegar a ser como Él mismo, un verdadero creyente y Apóstol, Y lo fue por un tiempo. Pero luego: “Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce”. (Lucas 22:3 RVG). Tanto el carácter de Judas como su evolución hacia la incredulidad, se ven claramente expuesto por el evangelista Juan:   “… Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote,

“… Porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce”. (Jn.6: 68 al 71).

Con él se van a cumplir lo dicho en las profecías, pero  éstas mismas  solo nos hablan en  conjeturas, sin poder determinar  quien puede ser el traidor.

Según los cuatro evangelios canónicos, es Judas quien guía a los soldados que arrestaron a Jesús hasta el huerto de Getsemaní  donde lo encontraron, y al darle  un beso en la mejilla, les indicó quién era entre todos los presentes  (Marcos 14:43 al 46). Por esa traición fue recompensado con treinta piezas de plata (Mateo 26:15).

Judas se une al grupo de Jesús, los comienzos debieron ser buenos, ya que fue un eficiente administrador, así lo confirma la gestión económica llevada a cabo por él, que permitió al grupo viajar con frecuencia, pagarse dietas y repartir dinero entre los pobres, pero, probablemente Judas albergó para si la esperanza de un mesianismo materialista, pero el entusiasmo comenzó a menguar cuando Jesús rechaza los valores de este mundo, y exige tener fe en los valores espirituales: “… Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte Él solo” (Jn.6: 15). El contexto de este pasaje del evangelio de Juan, y de los otros evangelios también,  corresponde al milagro de la alimentación de los cinco mil en la región de Galilea,  probablemente en esos momentos fue cuando Judas renegó de Él. Esa decisión de Jesús de no tomar una opción claramente política y no levantarse en armas contra los romanos como pretendían los grupos guerrilleros zelotes, lo convirtió en decepción y en  estorbo para la causa superior de la lucha contra los romanos. En lo exterior todo seguía igual, pero en lo íntimo la rotura con el Señor ya estaba decidida.  Es sumamente importante el  considerar que es lo que pasa en el corazón de este hombre para poder así  introducirnos más fondo en el drama de la entrega. En la lista de los doce elegidos, en los tres evangelios, se lo designa a Simón, como el cananeo o el zelota (Mt 10:4; Mc 3:18; Lc. 6:15). Estos Zelotas eran un grupo de patriotas revolucionarios que junto a otro movimiento llamado “sicariis”, porque portaban una daga de dos filos que se conocía como “sica”, buscaban liberarse de la opresión romana, se trataba de un movimiento guerrillero, que influiría en la conducta de todo joven idealista judío. Para algunos exégetas el mote de Iscariote, provendría de la deformación de la  palabra “sicarius”. (Durante  años se ha traducido su apellido como Ish Keriot, que traducido quedaría como el hombre de Keriot, un pueblo que para algunos geógrafos se ubicaba en las  mediaciones de Silo y para otros era cercano a Hesrom, (Jos.15:21 al 25) en la región sur de Judea). Juan en su evangelio, primero nos dice, al respecto de lo ocurrido en Galilea luego de la alimentación milagrosa, que muchos de sus seguidores abandonaron a Jesús por sentirse defraudados, y más tarde  nos revela que, en Judas, se comienzan a notar irregularidades con las finanzas, lo que hace suponer que algo cambió en la mente de ese contador,  y que en otra oportunidad,  tampoco  se pudo contener y se opuso abiertamente al uso del perfume de nardos que como  unción a Jesús  fue derramado por María,  sobre sus pies, argumentando acerca de las bondades que se hubieran obtenido por vender el ungüento y entregar el beneficio de esa venta a los pobres: (Jn. 12: 4 al 6). Impulsado por su incredulidad,  o tal vez por su codicia, o quizás, por sentirse decepcionado, es que Judas va a cumplir con la orden de captura establecida por los sumos sacerdotes y por los fariseos de denunciar el paradero de Cristo, (Jn. 11: 56) pidiendo  por entregarle treinta monedas de plata: “…Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata”. (Mt. 26: 15).

 

¿Qué se  puede comprar con el precio del Apreciado?

Para establecer el tipo de moneda que Judas obtuvo por la entrega, (El término utilizado en Mateo 26:15 es “argiria” y simplemente significa plata en griego) en base a ello, y para poder así valorar el beneficio logrado con el precio de su traición, vamos a tener que apoyarnos  en las Escrituras Bíblicas, ya que las leyes judías establecían que en el templo de Jerusalén solo podían utilizarse como moneda de cambio para compra de animales, y  atesorar,  el llamado  siclo de Tiro (Shekel). Si bien existen desacuerdos sobre la identidad de las monedas involucradas, sabemos que este tipo de moneda se  acuñaba  en la región de  Tiro, y  con ella  todo judío estaba obligado a realizar el pago de los tributos al Templo, (medio siclo al año por persona). Por no cumplir los requisitos de pureza en las monedas existentes,  los sacerdotes recibieron de Roma una dispensa especial para producir sus propias monedas,  éstas se trataban de  monedas ceremoniales, con la pureza suficiente para cumplir con las obligaciones religiosas. Esta era la razón de la existencia de los cambistas en los bancales del Templo, que  le gustaban tan poco a Jesús, porque, por realizar ese intercambio obligatorio de moneda, ganaban beneficiosas comisiones. Las famosas treinta monedas que se pagó a Judas por su traición se cree que eran estos siclos, ya que se trataba de monedas que formaban parte del tesoro del templo.

Para algunos autores el precio que los sacerdotes le pagaron a Judas solo alcanzaba para la compra de un esclavo. Pero si volvemos a leer el libro de Mateo, encontramos que Judas no compra nada, sino que al ver que Jesús era condenado, y comprendiendo el horror de lo que había hecho, tiró las 30 monedas de plata en el templo y fue y se colgó (si Judas hubiera sido tan avaro como manifiestan algunos estudiosos, le hubiera resultado muy difícil el deshacerse de las monedas,  y buscaría  atenuantes para su arrepentimiento en pagar el entierro de Jesús, o erigirle un monumento, o escribir y publicar un articulo sobre Él. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre”. Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los gentiles, dinero contaminado que solo sirvió para enterrar los cuerpos de aquellos extranjeros que murieran en la ciudad. Por esta razón ese campo se llamó Aceldama, esto es, “Campo de Sangre” (Mt. 27: 3 al 8 BLA). Esta narración del evangelista, no concuerda con el discurso dado por Pedro en el aposento alto, que se reproduce en el libro de Hechos capitulo 1 versículos 18 y 19 donde estipula que Judas compra un campo donde se cayó y “se reventó la cabeza”. Aquí  surgen dos versiones diferentes de su muerte: para Mateo fue un suicidio inducido por el  arrepentimiento, y para Pedro no hubo arrepentimiento sino que solo resultó ser  victima de  un accidente.

 

 

 

Solo dos seres se hallan en condiciones de saber a ciencia cierta que fue lo que pasó por la cabeza de Judas; el propio Judas y el Señor Jesús. Los cuatro evangelistas se muestran muy parcos, y no dicen demasiado sobre las razones que lo persuadieron a traicionar a su Señor, para Mateo y Marcos, fue la codicia, para Lucas, Satanás entró en él, Juan lo tilda de ladrón, Un hombre codicioso, no hubiera permanecido mucho tiempo entre ellos, por el contrario, hubiera buscado otras gentes con mayor poder adquisitivo, el argumento de que satán entra en su corazón,  solamente  me permite  definir la situación de pecado,  los treinta dineros resultan muy poca cosa para un hombre a quien tentaba las riquezas, si hubiera trabajado medio año, hubiera obtenido la misma cifra (un salario normal era de medio ciclo de plata por día). Una secta herética de los primeros tiempos del cristianismo, (siglo III de nuestra era),  los cainitas,  escribieron un papiro en copto (antiguo idioma sirio) que se descubrió en la década de los  70. Este ejemplar lleva por nombre el evangelio de Judas, donde se plantea que Judas el  Iscariote fue el  discípulo favorito de Jesús, y un voluntario que lo entregó a las autoridades romanas para llevar a cabo el  cumplimiento de un plan previsto por el propio Jesús.

¿Por qué necesitamos dilucidar este misterio?

Tal vez porque sentimos que Judas se nos parece demasiado, o quizás porque no nos alcanzan las viejas explicaciones. Todos los desafíos que nos proponemos en nuestras vidas van a ser el material que nos  permitirá ir teorizando y armando los laberintos intelectuales, de donde van a esbozarse las  distintas hipótesis, que con el correr del tiempo, vamos a  ir aceptando, adecuando  o desechando.

Solo Jesús sabe el secreto de la traición, ya que fue quien lo eligió para que fuera uno de los doce, y  para que esparciera la buena semilla del evangelio, tal vez hasta realizó milagros en su nombre,   y aquella noche previa de la traición, Judas compartió de su pan y bebió de su vino, el Maestro también le habrá lavado y secado sus pies. Y lo que tal vez causa mayor desconcierto es que las últimas palabras que Jesús le dirige a las dos de la madrugada, en el huerto cuando recibe el beso mortal es: “Amigo, ¿A qué has venido?” este testimonio del traicionado, nos coloca en un plano de perplejidad, en lugar de arrojar luz, nos provoca mayor  desconcierto, Judas entonces no es el enemigo.

Para quienes aceptan el argumento que nos plantea el evangelio apócrifo de los cainitas, hay un hecho  bíblico que puede actuar como profético de lo acontecido a Jesús, y que puede arrojar luz y dar una acabada compresión al sacrificio realizado por Jesús en la cruz, se trata de la narración en el libro de Génesis, capitulo 37, que nos descríbela historia de uno de los hijos de Jacob,  José que fue vendido  a los mercaderes, por uno de sus hermanos, que también se llamaba Judas. José fue vendido  por odio y para muerte, pero su situación resultó de manera diferente a la planeada, ya que llegó a ser tan rico que pudo enriquecer a su padre, y tan generoso que perdonó a sus hermanos.

 

Raymond Leopold Bruckberger, (1907-1998) quien fue soldado, y luego sacerdote, nacido en Suiza, perteneciente al orden de los dominicos, erudito, hombre de letras  y cineasta.

Nos propone un enfoque distal al anterior, y nos plantea en su libro -La Historia de Jesucristo- Un Judas mundano, convencido de que la grandeza de este mundo nace de la fuerza, escribe:

“En  el fondo Judas era del mismo mundo que los adversarios de Jesús, era, como ellos un realista político. Pero mientras los enemigos de Jesús temían y respetaban la fuerza romana, judas, por su parte pensaba que Jesús, con su poder taumatúrgico, podía barrerlo todo, incluida Roma con sus legiones. No se engañaba. Pero no pudo imaginar que se dispusiera de tal poder sin usarlo para barrer, efectivamente, a Roma y sus espantosos colaboradores. Cuando judas traicionó y pasó al otro campo, no hizo más que unirse a los suyos. Sin embargo, era mucho mayor que sus nuevos amos, y lo comprendió muy bien. Murió por ello: se suicidó”.

Argumento de peso, si se quiere, ya que convivir la lado de Jesús resultaba muy problemático aún para aquellos apóstoles que aunque su Maestro explicara, no lograban comprender los objetivos de Jesús, hubo quienes recién después su resurrección lograron entenderlos. Por otra parte, en un escenario donde el Señor resucita a Lázaro, (muerto cuatro días después de ser sepultado) y que además, logra su mejor momento político ya que los pobladores de Jerusalén lo van a recibir con mantos y hojas de palma, gritándole aires de gloria y  dando a  entender que para ellos, Jesús era el mesías davídico, libertador que los haría vencer y destruir a la poderosa Roma y sacudiendo del pueblo  el yugo romano, eliminando a los enemigos y a esos reyes títeres que les gobernaban, retrotrayendo a Israel a sus épocas de gloria.

El arresto y la crucifixión de Jesús, al igual que la parodia del juicio a que las autoridades lo habían sometido. Generó en muchos un sentimiento amargo de impotencia y derrota, y ese derrotismo dio lugar a una transferencia del odio: ya no se odia al enemigo, sino que hay que detestar al hombre de honor y de esperanza que provoca al enemigo.

Muy pocos fueron quienes entendieron realmente el camino profético que iba a tomar el Señor.  Mucho antes que el centurión romano hiciera su profesión de fe, luego de clavar su lanza en el costado del Cristo crucificado, una mujer  María de Magdala se iba a dar cuenta de lo que su Señor debería afrontar y,  llorando  frota en sus pies y en su cabeza,  a Jesús con un perfume de nardo de un valor estimado de trescientos denarios (con ese frasco, alcanzaba para  dar  de comer a cinco mil personas), La Magdalena lo ha ungido a su Rey, como se ungía a los reyes y sacerdotes, pero al mismo tiempo la compungida María le va a brindar las exequias para su muerte y sepultura. El acontecimiento ocurrió  durante el ágape en casa de Simón el “leproso” en  la ciudad de Betania,

¿Fue solamente Judas el único que se sintió atraído por la traición?

Tal vez todos nosotros usamos el nombre de Judas como coartada. Siempre nos viene bien un chivo expiatorio en quien cargar todos nuestros fallos. De un modo u otro todos a Jesús le traicionaron, algunos abandonándole, o en el puntual caso de Pedro negándole tres veces antes del canto del gallo. Todos tuvieron miedo. Su traición no es distinta de las nuestras, todos esos esfuerzos por verle como un monstruo, no son otra cosa que intentos de engañarnos a nosotros mismos diciéndonos que no somos como él, pero lo que le ocurrió a Judas esa noche del miércoles, es lo que nos acontece exactamente a cualquiera de nosotros a la víspera de pecar.

Sí, cada uno de nosotros contribuyó  a esa traición, cada uno de nosotros ha puesto su cuota infinitesimal, para comprarlo, y todos hemos participado en la tarea de reunir aquellas treinta monedas, que a lo largo de los años, se han multiplicado en  tantas que todo el recinto del templo de Jerusalén no alcanzaría para contenerlas.

 

Jorge Rodaro

 

Notas

Las citas bíblicas que solo expresan el libro, capitulo y versículo, pertenecen a la versión Reina Valera revisión 1960.

Las citas bíblicas señaladas con las siglas BDLA, pertenece a la versión La Biblia de las Américas.

Las citas bíblicas señaladas con las siglas BLA, pertenece a la versión La Biblia Latinoamericana.

Las citas bíblicas señaladas con las siglas  RVG, pertenece a la versión Reina Valera Gómez.

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