Ensayo sobre José de Nazareth

José de Nazaret

En nuestros años de juventud, tanto mi hermano como yo mismo, practicábamos una disciplina deportiva muy competitiva, actividad que se podría resumir  en la necesidad de ganar a toda costa. Al  finalizar cada competencia, cuando algún curioso nos preguntaba por quién había llegado primero, contestábamos el nombre del ganador, pero cuando nos preguntaban por el segundo, ambos respondíamos,-“no hay segundo… hay un primer perdedor…-“

La cultura que nos atraviesa, exalta al éxito, ya que nos educan para ser competitivos y triunfadores,  el segundo puesto ya no sirve, solo se exalta al número uno, al campeón (a veces sin importar, como se logra llegar)

Nos enseñaron quien viajó por primera vez a América, pero nada o casi nada se dice sobre el segundo viajero.  La misma sociedad nos estimula para que  seamos exitosamente reconocidos, hay un afán notable de triunfar, de poder pertenecer a  una sociedad de “mejores”.

Este espíritu de querer sobresalir, y brillar, nos atraviesa como creyentes y también se refleja en las Escrituras, en ellas hay interesantes ejemplos: como el caso de Nimrod  el cazador del libro de Génesis capítulo 10; el de Sansón del libro de Jueces capítulo 13; o de Santiago y Juan, los hermanos Boanerges, del libro de Mateo capítulo 20; por mencionar algunos.

Pero, José de Nazaret haciendo gala de una contracultura,  pasará de manera casi inadvertida en las Escrituras, ya no se conocen palabras expresadas por él,  sino que sabemos de él aquello que se refleja en sus obras, sus actos de, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su mujer como  de su  Hijo, y que su fe que fue probada con fuego como el oro, ante el misterioso embarazo de María.

Las principales fuentes de información sobre José son los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas, (en el evangelio de Juan también se menciona en el capítulo 1  versículo 45).

En el evangelio de Mateo leemos que: “Jacobo fue padre de José esposo de María, de la cual nació Jesús llamado el Cristo”. (Mt. 1: 16 RVR 1960), en el libro de Lucas, se lo menciona como: “…Hijo de Eli” (Lc. 3: 23 RVR 1960). No era el padre natural de Jesús, pero lo adoptó como hijo, y ello fue suficiente para que éste también  fuera considerado “Hijo de David”.

El simple y querido Mateo, en el capítulo 1 versículo 18 nos muestra a una joven familia compuesta por la madre el padre y por el niño Jesús.

El  relato bíblico nos narra que María, estaba comprometida y luego desposada  con José, lo que era habitual por aquellos tiempos, el compromiso (erusin) se establecía de niños, y el desposorio era una ratificación del compromiso, e implicaba que ambos esponsales por periodo de un año, viviesen como casados, pero sin cohabitar, aunque el vínculo que los unía era sumamente estrecho, al punto de llamárselos a ambos esposos. El matrimonio recién se efectivizaba, cuando la prometida era llevada a casa del prometido con gran ceremonia.  Por ese entonces María tendría unos 13 o 14 años y José orillaba entre los 18 y 20 años. Es durante esa larga espera que María le confiesa que no sabe como, a raíz de un encuentro que mantuvo una tarde, con un apuesto mensajero (que no la tocó ni nada), ella quedó encinta (Lc. 1: 26 al 32 RVR 1960).

Mateo también nos narra que “… antes que se juntasen, se halló que (María) había concebido del Espíritu Santo…” (Mt.1:18 RVR 1960). Algo muy difícil de creer, tanto en esa época, como en el momento actual, aún si  conocemos las muy modernas perspectivas científicas, de  fecundación asistida y partenogénesis, que nos permiten hacernos una idea más acabada sobre ese u otro nacimiento milagroso, y aún teniendo entre nosotros  la Biblia, nos va a resultar tan difícil de creer como seguramente le sucedió a José.

Nos encontramos ante una María desconsolada, perpleja,  un José confuso, desconcertado,  y una situación a resolver. En el pensamiento judío el Espíritu Santo es interpretado como quien trae la verdad de Di-s a los hombres, actúa como el Poder o Fuerza Activa de Di-s, el Ruajh Hakodesh,  que puede traducirse como un “Soplo Divino” y que es una personificación del poder creador a través del cual Dios participa en su creación y opera sobre ésta. (Joel 3: 1 y 2). José conocía como judío piadoso todo ello, pero vivía en una sociedad tremendamente machista, que no le dejaba muchas soluciones. La ley judía era tan dura en cuanto a infidelidad entre novios como entre esposos, y el castigo por adulterio de morir lapidado, se aplicaba también a los esponsales (Dt. 22: 23-24), José es justo, pero no de adherir a una justicia vengativa, por la que arrogándose los derechos que le brinda su inocencia, repudie a su mujer, escribiendo a ambas familias la legal carta de repudio según el libro de Deuteronomio capítulo 24 versículo 1, y por la cual quedaba libre de sospecha y de responsabilidad, pero el enamorado José, resolvió dejarla en secreto, una manera de hacer un menor daño, aún a costa de quedar mal el mismo, porque con su abandono cargaría la culpa de no querer asumir la paternidad. El texto que nos relata Mateo, nos dice que no puede conciliar el sueño y en ese duermevela se le aparece un mensajero que le revela la situación de María. Y  José se hace cargo abiertamente.

En el libro de Lucas capítulo 2 versículo 4, vamos a encontrar otra faceta de la personalidad de José. A partir del año 6 de nuestra era, Roma en poder del emperador Augusto decreta un censo impositivo, un censo de esta índole no solo se realizaba para contar la población, sino que también le permitía a Roma, conocer los oficios de los censados, sus ingresos, que población se encontraba apta para el ejército, y actualizar las tasa impositivas.

Vemos a un José cumplidor de la ley, ya que se traslado con su prometida embarazada hasta la población de Belén a unos 115 kilómetros de distancia. (La ley no obligaba a María a viajar, solo  los hombres estaban obligados, pero ésta pudo haberlo hecho para no permanecer sola en las circunstancias en las que se encontraba, o para asegurarse una soledad, en el nacimiento de Jesús que no le sería fácil tener en Nazaret). La aldea de Belén estaba construida sobre una lomada rocosa que presentaba una serie de cuevas naturales, o hechas por la mano del hombre para vivir en ellas. No había sitio en la aldea, y solo pudieron conseguir una cueva que poseía dos salas, separadas por una estrechez natural,  en la sala que se hallaba más al fondo, que también era utilizada como  bodega y establo, fueron instalados María y José y es allí mismo donde María dio a luz a su primogénito.

Augusto gobernaba Roma, el imperio más grande del momento y Herodes el Grande, violando la ley ya que era el usurpador del trono de Judea (Dt. 17: 14 al 20), agregada al imperio romano en el año 60 y definitivamente unida a este vasto imperio en el año 44 (antes de Cristo). Este siniestro personaje que no era ni hebreo, ni griego, ni romano, era un edomita (Idumeo en griego) y que se había casado en segundas nupcias, con Mariamne, que era sobrina nieta de los  Asmoneos, descendientes directos de los Macabeos, dinastía de reyes sacerdotes, y a quien mandó asesinar, al igual que a la madre, sus cuñados y a sus propios hijos, y a todo aquel que le podría sacar el trono. Por estos horrendos crímenes,  el historiador  Flavio Josefo, cuenta en sus “Antigüedades Judías” que  el emperador Augusto  dijo que: “era mejor ser el cerdo de Herodes que su propio hijo, ya que un cerdo tenía más probabilidades de sobrevivir en una comunidad judía”. Como Procurador, fue el constructor de la ciudad de Cesárea; de la fortaleza de Masada; también acicaló el segundo Templo de Jerusalén, la torre Antonia, que luego se conoció como “pretorio” porque se convirtió en la sede de alojamiento de los pretores (magistrados que resolvían los pleitos que surgían tanto en Roma como en las provincias anexadas al imperio), es allí donde  fue presentado a Pilatos nuestro Señor Jesucristo. Sacando fondos de su tesoro personal,  pagó compras de  trigo de Egipto para alimentar a su pueblo, pero a pesar de que Josefo nos sigue diciendo en sus “Antigüedades Judías” que se produjo con este rey el mayor progreso edilicio de la historia, éste no logró que los judíos lo aceptaran, ya sea  por su servilismo hacia los romanos como por  su estilo de vida aristocrático y pagano (también hizo construir un teatro y un anfiteatro). Supersticioso como buen oriental, y crédulo a los presagios y vaticinios, se empezó a sentir inquieto cuando supo por los magos de oriente que se allegaron desde más allá de Galilea guiados por una estrella que había nacido un Rey de Judea. Y más se estremeció cuando éstos no regresaban para indicarle donde había nacido el descendiente de David.

El texto de Mateo capítulo 2 versículo 12 y siguientes, nos  cuenta la historia del primer exilio de esta sagrada familia, cuando José es alertado por un sueño y logra huir hacia el occidente, atravesando las tierras de Canaán, para llegar al Egipto que había sido entregado a la tutoría de  Roma por el matrimonio real de Cleopatra y su hermano  Tolomeo IV.

María y José con su pequeño Jesús, van a permanecer en Egipto, hasta que proféticamente se le es anunciada la muerte de Herodes y  sobreviven en estas tierras merced a los presentes y obsequios que les presentaron aquellos magos de oriente.

La matanza de los niños inocentes fue el último genocidio planificado y perpetrado por el sanguinario Herodes, (los magos de oriente no volvieron para su reino a informar sobre el niño Jesús, y éste en represalia mandó a ejecutar a los niños menores de 2 años en la aldea de Belén). Pero transcurrido un tiempo  su cuerpo fue victima de una gangrena que comenzó en sus genitales que se le llenaron de gusanos, y que se propagó por todo su cuerpo,  al sentir repugnancia de su propio estado, se tentó a matarse clavándose un cuchillo, previo ordenar a su nueva concubina la ejecución de muchos jóvenes encarcelados, para asegurarse que alguien llorase el día de su muerte.

El cambio de vida que le propuso a la pareja el nacimiento del Mesías:  de Belén a Egipto y luego de Egipto a Nazaret, nos habla de un hombre acostumbrado a tomar decisiones y a aceptar los desafíos, sus vidas no fueron fáciles, y la pregunta de  ¿Cómo mantenía a su familia? nos surge inevitablemente, en Mt. 13:55, se nos dice que Jesús era “hijo del carpintero”, dato que nos permite indagar un poco más sobre el oficio de este hombre, (la palabra que el autor utiliza, proviene del idioma griego:  “Tectón”, que puede traducirse como: obra, obrero, y que definía a la menor jerarquía en la escala de salarios a los trabajadores de la construcción, la mayor era “Architectón”, de donde nos proviene la palabra arquitecto), por tanto José era un carpintero de obra, acostumbrado más a la realización de artesonados de techos, herramientas de labranzas y yugos, que muebles y enseres hogareños, profesión que le permitía ganar el sustento cotidiano con sus propias manos y que también le enseñó a su hijo. De  condición humilde, aunque descendiente de reyes, ya que pertenecía al linaje davídico, vive de su taller, transformando la madera en obras visibles, concretas, ordinarias, comunes pero que les son de utilidad a todos los hombres y las  mujeres de su aldea.

Desciende de reyes y su pequeño hijo adoptivo nació en un pesebre,  José no pertenece a la casta de los adinerados, sino más bien a la clase inmediatamente anterior a los vagabundos, prostitutas, mendigos, esclavos, prófugos y criminales. Serrucha y clava las maderas y fabrica una puerta protectora, realiza creaciones que pasan inadvertidas a nuestros ojos ávidos de ver lo sorprendente. Oficio que tanto a él como a su hijo, les enseño que la vida significa el transformar las cosas inútiles, en útiles. Se puede entender también, que llevó una vida marcada por altibajos, ya que en el libro de Lucas se nos relata que,  para pagar el rescate por  Jesús, como dice la ley, va a entregar a los sacerdotes, para sacrificar, dos tórtolas, la mínima ofrenda que la ley autorizaba. (Lc. 2:24).

La vida de José fue breve, la tradición nos dice que tanto los sufrimientos, como los gozos, de José con María y Jesús no duraron mucho tiempo. No sabemos a ciencia cierta cuándo murió José, pero podemos suponer que su muerte tuvo lugar bastante tiempo antes del comienzo del ministerio público de su hijo Jesucristo. El evangelio de Juan no hace mención alguna  de José en las bodas de Caná de Galilea (Jn. 2: 1 al 12), en el pasaje, sólo aparecen Jesús y su madre. Un dato curioso lo aporta Marcos en su evangelio,  cuando llaman a Jesús «hijo de María», probablemente porque José ya había muerto hacía tiempo y los habitantes de Nazaret conocían bien a su madre y parientes (Mc. 6: 3). Esta expresión, que resultaría inconcebible en las genealogías judías, (oficialmente Jesús era conocido como “Yeshúa ben Yosef” es decir Jesús hijo de José), nos va a hablar del decir cotidiano entre la gente de la aldea que se conocían.

José con su vida nos deja un maravilloso testimonio de silencio, humildad, abnegación y sacrificio, y de una fe obediente. Sin  duda él es ejemplo de un ser humano capaz de sentir un profundo y sincero  amor para con su mujer María  y para con su hijo Jesús.

 

Jorge Rodaro

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